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Las librerías están vivas.

El territorio de los libros

Mientras el mundo parece seguir su ritmo, los libros toman el tiempo, lo distorsionan y hacen suyo.

Aunque tratamos de mantener muchos bancos dispersos por toda la librería, los lectores no dudan en reconocer que el piso también está para sentarse, porque mucho antes de que ellos lo hicieran, los libros dejaron de caber en los estantes y comenzaron a reclamar el suelo como parte de su territorio.
Hay días en los que hay que tener más cuidado cuando se camina entre los pasillos porque los lectores más centrados en su tarea de revisar y buscar entre todos los libros, no se detienen por las distancias y se sientan a ver los libros que están al nivel del piso. Entre más lectores, menos espacio y hay que ver bien en dónde se pisa.

Cuando puedo, la verdad me gusta unirme a ellos. Muchas veces me preguntan cosas, comienzan a hablarme de los libros, y si el tiempo lo permite, me siento a su lado, entre los estantes y con los libros rodeandome por completo.

Es como hacerte parte de la librería y entrar en una barrera. Mientras el mundo parece seguir su ritmo, los libros toman el tiempo, lo distorsionan y hacen suyo. Entonces, mientras no me levante del suelo, me quedo en ese instante detenido donde la cadencia la dictan las letras y donde soy parte de una bonita comunidad que comparte uno de sus mayores placeres conmigo de una forma completamente desinteresada.