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Las librerías están vivas.

El tiempo entre libros

“La casualidad me acercó al libro correcto la primera vez y el destino quedó sellado”

A uno de nuestros clientes más frecuentes siempre le buscamos un banquito para que se siente, pues las primeras veces que llegó a la librería nos pidió ayuda y nos explicó que alguna vez sufrió un accidente por lo que le cansa pasar mucho tiempo de pie. Con el tiempo, ya teníamos preparado el banco sin que lo pidiera.
En una ocasión que no había nadie más en la librería y derivado de una plática que había comenzado alrededor de unos libros en específico, me contó que luego de sobrevivir a un accidente en su auto, tuvo que guardar reposo total por meses, por lo que su abuela lo cuidó y le dió un lugar donde vivir, en un habitación que en ese entonces le rentaba a un viajero, quien necesitaba un lugar más para sus cosas que para sí mismo.

Me dijo que al principio se aburría mucho. Solo tenía su baño, una ventana que daba al patio de la casa, algunos muebles y un enorme librero repleto de libros que solo se movían cuando su abuela entraba a sacudirles el polvo, pues en algún momento el viajero, que se iba por largas temporadas, regresaría por ellos.
Finalmente, el tedio lo venció y aunque los libros no le llamaban demasiado la atención definitivamente era mejor leer un poco a perecer de aburrimiento. “La casualidad me acercó al libro correcto la primera vez y el destino quedó sellado”, me dijo y me describió con tanta pasión lo emocionante y atrapante que le pareció esa primera historia que terminé leyendo el libro tiempo después.

Después de la primera novela vinieron muchísimas más, las horas se fueron muy rápido y los libros del viajero revivieron uno por uno. Antes de irse con su montón de libros, me dijo que se arrepentía del tiempo que había perdido sin leer, pero se alegraba de haber obtenido algo tan valioso tras el accidente a parte de los dos clavos en la pierna que le duelen cuando hace frío.