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Las librerías están vivas.

Los libros nunca mueren

Los libros merecen que les demos todas las oportunidades posibles

Los libros siguen vivos hasta que sus letras se hayan borrado por completo y sus hojas se vuelvan polvo al contacto. Tirarlos a la basura antes de eso es desperdiciar un buen libro cuyas hojas se pueden volver a coser o pegar, sus tapas pueden hacerse nuevas y los hongos pueden ser derrotados con un poco de cuidado.

Ver un libro en una bolsa de basura es una imagen muy triste. Alguna vez rescaté de entre un montón de basura de la calle un libro de cuentos. Lo limpie con cuidado y me lo lleve a casa. Allí descubrí que probablemente se habían desecho de él porque las tapas estaban desgastadas y las hojas, muchas de ellas con notas y subrayados de lápiz, se habían despegado por completo.
Restaurar el libro fue complicado pero divertido. De repente, se volvió un reto personal convertirlo en uno de mis libros favoritos. Le pegué las hojas y las limpié una por una, hasta que apenas y se notaban las marcas del lápiz. Le puse tapas nuevas. Es una de mis posesiones más valiosas cuyo destino estará muy alejado de la basura.

Los libros merecen que les demos todas las oportunidades posibles y cuando decidimos que para nosotros conservar ciertos libros ya no es posible o ya no queremos tenerlos debemos recordar que antes de deshacernos de ellos y privar a alguien de disfrutarlos, podemos donarlos a una biblioteca pública donde muchas personas los van a disfrutar.
De igual forma, en todas nuestras librerías también compramos desde unos cuantos títulos hasta bibliotecas enteras, lo importante es siempre darles muchas vidas nuevas a todos los libros, porque el conocimiento no tiene fecha de caducidad.