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Las librerías están vivas.

Una cita entre letras

Estaba segura que el libro le gustaría mucho si le prestaba atención

Aunque es muy bonito cuando las parejas nuevas escogen a la librería como el lugar ideal para una cita, nos sorprende más cuando una casualidad fortuita une a dos personas entre los libros.
Hace unos días, por la tarde, cuando me encontraba en la librería de Bajío, un par de chicos llegaron. En realidad, apenas nos habíamos visto entre los tres porque cada quien estaba inmerso en su tarea, ellos revisando lo que les interesaba y yo acomodando los nuevos títulos en la zona de los tapancos.

Primero subió ella y se quedó viendo los libros del fondo durante un buen rato. Luego, los pasos del chico interrumpieron la quietud. Después, más silencio. El chico, que revisaba los libros con mayor rapidez, se acercó lo suficiente a ella como para ver lo que estaba cargando.
—¡Ay no! —exclamó el muchacho, lo suficientemente fuerte como para asustarnos. Después se rió con pena y comenzó a disculparse con la muchacha mientras yo, de la manera más chismosa, seguí escuchando y fingiendo que trabajaba—. Perdón, es que justamente estaba buscando el libro que llevas en la mano, me pidieron que lo leyera en la universidad.

—¿En serio? —contestó ella y después de pensarlo un poco continuó—, si quieres puedes llevártelo, yo ya lo leí, solo quería tenerlo entre mis libros porque me gustó y lo tuve que regresar.
—No, que pena, ya lo tienes tú. Además a ti sí te gusta, yo solo lo voy a leer por obligación.
La chica continuó insistiendo mientras le aseguraba que no tenía prisa de tener la copia, a diferencia de él que sí lo necesitaba, y estaba segura que el libro le gustaría mucho si le prestaba atención.
—Te dejo el libro si me prometes que sí lo vas a leer con ganas —finalizó ella, luego de que les asegurara que no habían más copias. Ante el gesto amable de la chica, él no tuvo otra opción que aceptarlo y darle las gracias.
—Déjame invitarte un café al menos —le contestó y por el tiempo que pasaron allí sentados platicando y riendo juntos, creo que esta vez el poder del libro no estuvo en su contenido.