Con una sonrisa radiante en el rostro, camino por las transitadas calles de la ciudad con un montón de libros bajo el brazo. Encontré un verdadero tesoro literario, una oferta irresistible de libros a tan solo diez pesos cada uno. Era como si el universo hubiera conspirado a mi favor, brindándome la oportunidad de adquirir una montaña de conocimiento y aventuras por un precio simbólico.
Mientras regreso a casa pienso en todos los libros maravillosos que encontré y en las innumerables historias que me esperan en sus páginas. Siento como si hubiera encontrado el tesoro más preciado.
El peso de los libros no me importa en absoluto, pues solo puedo pensar en lo feliz que me hace llevarme tantos títulos a casa. Después de un rato, por fin logro sentarme en el metro abrazando mis libros con emoción. Así, feliz y lleno de gratitud, continué mi viaje en el metro, sabiendo que llevaba conmigo una riqueza invaluable