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Secretos de un Librero: Más Allá de las Estantes

Como una ventisca que estremece y despierta del cálido sueño, no escapamos al romanticismo; es la realidad quien nos aleja. ¿Cómo funciona una librería de libros usados? Espero no romper su corazón.

Secretos de un Librero: Más Allá de las Estantes

La librería abre sus puertas en un horario regular, como lo hace cualquier negocio de barrio. Hay que tirar de las cortinas metálicas para levantarlas y dar la bienvenida al nuevo día. Antes de tener tiempo para leer, un par de asuntos deben estar preparados: los asuntos del día anterior y los pedidos estarán en orden; los sistemas, funcionando; los libros que llegan con relativa constancia serán llevados a sus secciones correspondientes y eventualmente serán acomodados en los estantes en estricto orden por año de muerte del autor, jaja. Ocurrirán algunas interacciones sociales, difíciles de calcular; quizá sea necesario destinar algún tiempo para, digamos, comer, entre tantas otras caprichosas necesidades vitales. Antes de que llegue la tarde, es probable que debamos atender a algunos amigos y clientes que comparten historias y conocimiento con nosotros. Así transcurrirá el día hasta que llegue el momento de cerrar con satisfacción y con candados.

¿Y qué momento del día está destinado enteramente a leer? De eso quiero hablarte. Siento que estoy revelando los secretos de Houdini. No hay un tiempo específico para leer. Los libreros que trabajamos en Librero en Andanzas desarrollamos habilidades especiales, a las que cariñosamente llamamos ‘deformaciones del oficio’.

Secretos de un Librero: Más Allá de las Estantes

Leemos los títulos de reojo; cuando una portada nos llama la atención, llevamos el libro a otra parte, donde lo apilamos con otros libros que también nos interesan, a los que vemos con un toque paternal mientras les decimos ‘ahorita te reviso’. Leemos las contraportadas, las tapas, introducciones, capítulos al aire, los índices; necesito aire. Revisamos las litografías, grabados, fotografías, planos, ilustraciones, esquemas, mapas y detalles sutiles de tipografía, cajas y maquetado de los libros. Nos asombramos de series, colecciones y editoriales, buscamos los nombres de los libros en idiomas desconocidos. Al contar también con la real cédula de librería de libros antiguos, nos detenemos a destripar los libros para encontrarnos con testigos del tiempo: envoltorios de dulces, cartas de amor, boletos de tranvía y notas al margen, y hasta las dedicatorias que algunos autores escriben antes de enmarcar las lecturas con sus firmas.

Estas deformaciones del oficio no se presentan de inmediato, escalan progresivamente y, una vez cómodamente instaladas, temo decirlo: jamás se irán. En este punto, no estoy seguro de haber respondido claramente a la pregunta que me planteaba. He ido por el camino que me ha apetecido, lo siento, es una deformación de oficio.

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