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Concurso “Carta de amor no correspondido”

Queridos participantes y románticos empedernidos,

Hoy es un día de emociones encontradas mientras escribimos este blog, vamos a anunciar al ganador de nuestro Concurso de “Carta de Amor No Correspondido”. Pero antes de revelar la carta que ha conquistado nuestros corazones y los del jurado, queremos tomarnos un momento para honrar y celebrar a cada uno de ustedes que han compartido sus sentimientos más íntimos a través de la escritura. Queremos reconocer su valentía para abrir sus corazones y plasmar sus emociones en cartas, ha sido verdaderamente conmovedora.

Por ello, nos complace anunciar que vamos a mostrar todas las cartas recibidas como una muestra del excepcional talento que ha brillado en esta convocatoria. Desde palabras que susurran anhelos no correspondidos hasta aquellas que expresan la angustia del amor no correspondido, cada carta es una ventana a la profundidad del alma humana y una prueba del poder de la escritura para sanar y conectar.

@jasminhannamariawriting

Al hombro en el que siempre me apoyé, que pensé que me mantendría firme en cada tormenta.

To the shoulder I always leaned on, that I thought would keep me steady in each storm. Something broke inside me, the day I realised that you would not, would not steady me. At my lowest I felt punished by your polite smile and kindness. You saw right through me, like the air we breathe but do not acknowledge. The world as I knew it collapsed. You were the one that never made me feel this way before. I think I tried to ignore the pain it left inside me – but now I am looking it directly in the eye. I am saying my good-byes. I have to leave the pain it caused me behind.

@jcrguzman

¿Qué si me gustabas? No lo sé; no tuve oportunidad de averiguarlo.

¡Vaya historia cliché! ¿no crees? el paciente que tontamente se enamora de la amabilidad de su doctora ¿de qué más me habría podido enamorar? cuando lo único que conocí de ti fue eso; tu amabilidad personificada en esa suave voz y enmarcada por esas enormes pestañas que no hacían más que resaltar el brillo en tus ojos.

Aún recuerdo cuando te invité a salir, me sentía tan nervioso que estoy seguro que, desde tu perspectiva, debió ser una invitación tan burda y mal hecha. Y aún así, respondiste “tal vez” La semana siguiente a eso, no fui más que un puño de nervios, ansioso, esperando a que respondieras; te escribí y te llamé pero no hubo respuesta. Llegué a pensar que tal vez había anotado mal tu numero así que te fui a buscar, e incluso después de eso no tuve respuesta; aunque lo que esperaba, ya era evidente.

Me hubiera encantado conocerte más. Saber qué canción te hace bailar, qué película te hace llorar, cuáles son los chistes que te hacen reír y qué es ese algo que te hace soñar. Hubiera preferido un no desde el principio, hubiera dolido menos. No me habría hecho sentir tan poca cosa. Sentir que no eres lo suficientemente bueno para siquiera merecer una respuesta es uno de los peores sentimientos, pero hay cosas que no puedes controlar.

Si me preguntaras si te guardo resentimiento, te diría que no. Solo diría que me hubiera arrepentido si nunca te hubiera invitado. Al final, estas cosas son cosa de dos. Y de poco sirve ver el mundo color de rosa, si la otra parte no lo ve así.

¿Qué si me gustabas? Ahora que ha pasado el tiempo, me doy cuenta que, de responder a la pregunta, diría que sí.

@Starfruitmarie

No dejo de pensar en lo incorrecto que fue todo desde el inicio, porque yo ni siquiera te estaba buscando, y, sin embargo, te encontré.

La primera vez que supe de ti fue a través de una canción que al inicio me pareció de lo más triste. Ahora me pregunto si quizás era un presagio de lo que estaba por suceder.

Llegaste a mí cuando no era más que una melodía incompleta, un montón de sueños rotos, un suspiro de notas regadas. Sin saberlo, me guiaste entre la oscuridad que deja la incertidumbre, y llegué a creer que eras el único camino seguro mientras deambulaba a ciegas en un mundo donde desde el primer momento me sentí ajena. Pero estabas tú, y en ese entonces me pareció suficiente.

Encontré refugio en las diminutas muestras de cariño que recibía a cuentagotas, y atesoré palabras vanas como si fueran las flores preciosas. Ignoré las espinas, me convencí de una fantasía en la que tú me querías tanto como yo a ti, y que el laberinto en el que tratábamos de alcanzarnos era solo una prueba que hacía más valioso lo que sentíamos. Valdría la pena algún día, me repetía tantas veces como era necesario.

Justifiqué, con una devoción que me asusta, tus actitudes extrañas, la distancia, el desinterés obvio que hasta ahora percibo. Me aferré a los momentos que compartimos, tanto memorables como desagradables, como si fuesen escenas cruciales en mi libro favorito. E incluso hoy volteo a verlos con un velo romántico sobre los ojos, ese que tejí de la ilusión y los restos que quedaron tras tu partida.

En los días más racionales me doy cuenta de que en realidad nunca fueron instantes relevantes o inolvidables, sino simples interacciones cuyo recuerdo he distorsionado. Y resulta patético, triste: construir una hermosa historia a partir de las migajas que deja un amor no correspondido, perseguir la silueta de un sentimiento por el miedo de nunca volver a sentirlo.

@_martagomis

Muy estimado mío

Desde que me dijiste que allí te iba a encontrar, esta carta te quise entregar… Para decirte que me esperaras. Pero ahora ya no sabía más de ti, demasiado tarde llegué

y tú entretanto a puerto seguro decidiste llegar, no querías seguir yendo a la deriva.

Día a día me contaban de tu felicidad y es que el amor y el desamor pueden encontrarse a veces tan cerca, lo que para unos es alegría, para otros supone intenso dolor.

¿Y ahora soy yo la que va a la deriva entre la neblina y el agua que por mi cara resbala, es lluvia? ¿Son lágrimas?

Las calles están vacías y yo en busca de un lugar que quizás te pueda encontrar o al menos, mi carta dejar.

Todos los lugares que aparecían en mis sueños, ahora eran sombras grises… Pero

y si hubieras vuelto a aquí?

Mi papel ya humedeció,

aunque la tinta intentaba permanecer fuerte, sí como yo y no diluirse, no desaparecer.

Hay tanto todavía que decir, tanto fuego, que ni con la mayor cantidad de agua se podría apaciguar. Y al final el río cortó mi camino, diciéndome: “ahora yo voy a ser tu mensajero”. Y toda empapada decidí no correr más, sino dar mi carta a la ventura, quizás también ella llegaría a buen puerto.

Ahora los primeros rayos de luz se elevaban y reflejaban mi rostro en el agua, mi carta en mis lágrimas. Tengo que dejarla ir, ella ahora se alejaba y dejaba con cada nuevo rayo, mi imagen más y más clara.

Ahora las aguas se habían calmado y aunque el resto quedaba por descifrar, yo me había visto por primera vez.

Quizás un nuevo comienzo, como el día que acababa de empezar…

Y quién sabe si después de haberme conocido y amado, la carta te traerá un día de nuevo a mí…

Con mucho amor se despide,

Tu misteriosa dama🌹

@henriqueghermi

De repente sucede que mis recuerdos memorables están perdidos para quienes compartieron conmigo los sucesos que los engendraron. He creído que, por el hecho de vivir una misma experiencia, aunque sea desde el otro mundo que es cada cabeza, ya con eso queda sellada para siempre la complicidad del recuerdo en común, aunque con significados muy diferentes para cada quien. Lo menciono para que sepas que puedo entender si nos sucede a nosotros; si cuando te cuente los que nos pasó, que por cierto, no he olvidado ni a ratos, me digas: no, yo no recuerdo haber hecho eso que dices, o que me sucediera algo así, y mucho menos que me hubiera dado cuenta de que estabas ahí y que me hubiera avergonzado, y que hubiera hecho un pequeño alboroto. Seguro lo recordaría, por lo que me dices, no podría ser de otro modo, o quizá sí, justo por la sorpresa que me produjo, según lo cuentas, y entonces, por eso mismo, lo haya borrado, censurado, a tal grado que, ni aunque te mirara a los ojos, pudiera delatarme un parpadeo o un leve temblor de la piel, que permitiera ver la sombre de ese recuerdo fingidamente nunca registrado.

Así podría ser. ¿Y si fuera de otra manera…? Por ejemplo, que a las primeras palabras evocativas tu rostro, tus ojos y tus labios confirmaran que el recuerdo también estaba vivo en ti, como si solo hubieran pasado unas horas desde que saliste envuelta en la toalla hacia la ducha. ¡Yo no lo podría creer, sería demasiado perfecto! Por fin, después de años y años, alguien que confirmara que lo maravilloso había sucedido, que fue cierto y no una enfermedad de mi mente. Aunque, a estas fechas, el recuerdo es cada vez más real que ya no tengo duda de que fue nuestro momento, a pesar de que pudieras haberlo guardado en el desván de la memoria. Nunca nos volvimos a encontrar, después de esos pocos años en que fuimos vecinos, y ahora ya jamás nos reuniremos, otra vez, cosas del límite actual de la vida humana. Esta carta no te llegará, no te será agobio ni regocijo, pero debía escribirla en tu homenaje porque, como reza en las Mil y una Noches, hay varias virginidades, y yo tomé, de manera fugaz, antes de cualquier otro competidor, la de verte completamente desnuda.

@Delta Eco

Tal vez ni siquiera recuerdes aquel día,

En que recibí tu primer abrazo,

¡El que unió las piezas de este fracaso!

¡Incapaz de soportar tanta alegría!

Tal vez ni siquiera recuerdes aquel día…

¡Pero fue de los más felices de mi vida!

Tal vez no haya sido tu intención,

Con tus brazos, despertar una ilusión,

Tranquilo mar en sueños, hasta el día,

Qué inocente, ¡imaginé tu compañía!

Tal vez no haya sido tu intención,

Más tu gesto despertó mi corazón…

Tal vez no lo sepas, y con calma,

Le advierto que el secreto es cosa mía

Tal vez no lo sepas, más tu alma,

¡La nota que me tiene en agonía!

Tal vez no haya sido ese tu afán,

Pero un niño decidió ser tu guardián…

¡Y serte fiel hasta en la imaginación!

¡Confesar que eres mi mejor motivo!

¡Y estar contigo, mi mayor anhelo!

Tal vez sea triste encarar la situación,

Notar que en mí no ves más que a un amigo,

Cuando en ti yo veo todo lo que espero…

@Josalath Rodriguez Hernandez

Odiada:

Te odio porque tu capacidad de olvidar el pasado es más grande y más fuerte que la mía. Te odio porque te aferras, porque insistes, porque logras. Te odio por el gusto de odiarte, porque he entendido que el odio se le parece al amor, pero crea un nexo más fuerte. Te odio, ¿por qué te odio? Te odio sin rencor, sin prejuicios, sin deseos de venganza. Te odio, porque al contrario del amor, el odio es perpetuo, una especie de bisagra que amarra a dos almas y las mantiene en un combate a muerte hasta el final de sus días y se extiende a los días que siguen al final de los días. Te odio por tu sonrisa. Te odio sin malicia. Te odio por tus dulces caricias, por los besos cadenciosos y tus reclamos silenciosos. Te odio sin odiarte. Te odio para amarte. Te odio porque dijiste que el amor termina y el odio no. Te odio porque no sé amar.

Odiar no es delito cuando se ama. Odiar a quien se ama es inevitable. Odiar sin sentir amor y compasión es como no odiar. Odiarte, quiero el resto de mis días. Odio las noches sin tu voz, los días sin tu presencia, las tardes y tu ausencia. Odio todo lo que no eres tú, pero te aferras a serlo. Odio el suelo sin tus huellas. Odio la neblina que te opaca. Odio los días sin verte, los meses que se escurren, los años que se escapan. Odio tus sentimientos y pensamientos inescrutables. Odio tus aromas invisibles que engatusan, atraen y debilitan. Odio tus manos. Odio tus labios encarminados. Odio tu melena descompuesta. Odio tu cadera. Odio tus brazos. Odio existir en tu existencia, habitar el mismo espacio, respirar de tu aire; odio ser digno de contemplar tu piel bruñe, tu caminar acompasado, odio el roce de tus manos, la sonrisa tierna de tus labios. Odio el afinado tañido de tu voz, odio velar de noche tus sueños. Odio que seas sagrario inaccesible, una veta de poesía, un mar de sentimientos, odio que seas sol cenital, luna en menguante, venus matutino que anuncia el alba. Odio que seas brisa, tormenta y ciclón. Odio todo lo que me gusta de ti. Si no hay otra manera de amar y estar a tu lado, te odiaré por el resto de mis días. Te odio porque no encuentro otra manera de amarte.

@Josalath Rodriguez Hernandez

¿Desde cuándo somos enemigos que luchan a muerte sus destinos? ¿Desde cuándo somos dos reyes de reinos distintos que franquean las murallas y resguardan las puertas de sus castillos contra ataques vecinos? ¿Cuándo se perdieron los intereses comunes? Hoy vives a la defensiva, tus gestos, palabras y acciones responden en el acto por instinto, como cuando un animal se ve atacado por su depredador. Ni soy enemigo, ni soy rey contrario, mucho menos depredador, no sé por qué te has empecinado en venderme como el peor verdugo inquisitorial que hubiera existido en la historia, no estoy seguro, pero pienso que si fuera verdugo me querrías más como has querido a otros que sí lo han sido. Se perdieron nuestros rumbos en lo incierto, en un momento tomaron caminos diferentes y ten por seguro que yo no me he desviado. Te quejas de mi egoísmo y orgullo, y no te das cuenta de que el egoísmo duerme contigo mientras sueñas futuros conmigo y el orgullo irrumpe en tu ser como si yo te lo hubiera contagiado en un beso de amor o en una mirada indiscreta. Desde hace días no sé qué piensas, no sé si me piensas contigo o piensas en ti conmigo, que aunque se lea igual es diferente. Ya te he dicho que yo pienso en ti conmigo, pero qué más da. Si tú crees en el amor enemistado, seamos enemigos enamorados, es raro, pero es mejor, un par de enemigos que se quieren es mejor a un par de enamorados distantes y ajenos. Un par de enemigos amantes es preferible a un par de enamorados egoístas, sin rumbos comunes, sin ideas compatibles y sin deseos hermanados. Te acepto como reina rebelde, acéptame como un vasallo, no quiero, ni pido más.

@Elizabeth Hölderlin

Lo nuestro nunca fue…

Te vi en diciembre, ame tu pelo rebelde, brillante como el sol…

Me gustó y calle…

Un amigo estaba en medio de los dos.

Lo nuestro nunca fue

Soñaba con tus labios, desde enero los soñé ¿Sabrán tan dulces como veo? Yo nunca lo sabré

Cuidarte era mi meta, sonreír en tus silencios, beber en tu sonrisa, mirarte sin tocar.

Lo nuestro nunca fue.

Tocar tu mano, era tocarte, oler tu pelo, era tocarte, más celoso, me sentía de ser el río y no tu mar, quería ser tu mundo entero y fui una luna nada más…

¿Por qué tenía que asomarse el sol entre los dos?

Recé al ocaso que acabará para tenerte una noche, una noche nada más…

Lo nuestro nunca fue

Y es que era traicionarlo o traicionarme, el amor o la amistad…

La luna que no quiere perder su brillo al alumbrar… Él siempre estuvo atrás…

Lo nuestro nunca fue…

Y si no lees esto, en octubre, quizá leas mi tristeza, cuando las hojas caen, como cae la tinta en la libreta

de un destino sin final…

Lo nuestro nunca fue…

¿Será toda tu piel tan tersa como el cielo?

Yo nunca lo sabré…

¿Qué será la vida si no te tengo?

Pasar el tiempo nada más

Respirar al observarte, sonreír en tus silencios, beber en tu sonrisa, mirarte sin tocar

Lo nuestro no será

@Maria Kazajistán Diamantty

Querido Amor de mi vida:

Acaece un nuevo día, estoy embestida por la melancolía. Porque no rozas tus miradas con las mías. Yo embeleso en mis versos diarios la impresión que vuestro amor me lo está hurtando, quien viralizó a mi mejor amiga. Tú me exhortas transformar mi vida sin ti, … ¡Es mi anhelo satisfacerte eróticamente! ¿Te imaginas? Tú y yo juntos ¿“El Verdadero Amor sin máscaras ni tabúes”? Estoy agonizando, pues, mi deseo como hija del Rey: Es casarme con el Señor Caprittchio.

@Romina Ferrero

¿Y qué sucede si aquellas notas aún estén guardadas en algún lugar de tu existencia? Nunca respondiste ni siquiera con una palabra… ¿Secaste mi alma, mi espíritu, apagando la llama con indiferencia…? ¿Por qué dejaste tus ojos hundidos en mi memoria y desapareciste sin dejar rastros? Tu silencio me desvanece, tu ausencia me debilita, y el pasar de los días, me envejece la mirada, mientras una lágrima se desliza por mi mejilla. ¿Seguirá recordándote mi memoria cuando el otoño me atraviese? O simplemente caerán las hojas, como aquellos días en que conté las horas para volverte a ver…

Cada carta ha sido evaluada con el mayor respeto y consideración por nuestro distinguido panel de jueces, aunque todas las cartas recibidas nos transportaron hacía un momento personal donde los sentimientos estaban a flor de piel, debíamos seleccionar una carta ganadora: 

@Yorelmi Quijano

Epitafio

Dicen que nadie muere de amor, pero es increíble como mi cuerpo simplemente ya no quiso responder.

Aunque lo obligue a hacerlo, simplemente expresó su dolor como quiso…

Ya presentía que estaba muriendo, lento, a cucharadas…

Escuchaba a lo lejos la tierra removerse para mi nuevo hogar, donde me convertiré de nuevo en polvo.

Un día desperté sin encontrar esa mirada suave a mi lado, sé que la muerte está más cerca, fluyendo en cada debilidad de mi cuerpo.

Mi cabeza se apaga de repente porque no soporta el dolor, mi sangre deja de fluir poco a poco y mis intestinos dejan de funcionar, mis músculos duelen como si fuesen cortados por espadas afiladas, esas sus palabras, que acaban de cometer un crimen.

Camino hacia un abismo de soledad, de una paz, de dejar todo en su lugar y no deberle nada a usted, porque le amé como me enseñaron a amar, hasta la muerte… mi propia muerte.

Ojalá mi cuerpo quiera vagar más días en este mundo, aunque no tenga rumbo, presente o futuro.

Ya no voy a esperar por sus sonrisas sinceras, o por su compañía en mis madrugadas desoladas, de frío.

Espero que me recuerden en sus memorias como la mujer más feliz en sus brazos y la más desdichada en sus sollozos, la que jamás se dio por vencida hasta que la muerte tocó su hombro causando un dolor prolongado, anunciando su próximo encuentro.

He muerto, por fin lo hice, ya tuve suficiente de cuidar, de reparar los trozos de mi corazón. Me fui feliz, con su mano sosteniendo la mía, hasta el último suspiro.

En esta tumba quedará sepultado el alma con la calidez del último beso que emanó de su instinto de amarme, de perpetuarme en su memoria.

Sobre esta tumba, yacen las flores que siempre quise… ahí en el olvido quedan las sonrisas dolorosas y en este mi epitafio tus últimas palabras que me dieron el adiós de este mundo.

<<Te quiero mucho>>

Y al igual que la fe que siempre me cobija, dormiré en la esperanza de la resurrección.

Después de esta, nuestra muerte, ya no existe espacio para el amor; solo hay una inmensidad para la soledad y el olvido.

Hasta aquel día en que volveremos juntos desde las cenizas, para volvernos fuego eterno, en un mundo que jamás fue nuestro.

P.D. Aún muerta, te amé.

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