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El Encanto Eterno de Sumar Historias a Mi Estantería

Aquí estoy, en la fila de la librería, sosteniendo una pila de libros que amenaza con desequilibrarme. No puedo evitar sonreír mientras mi mente se adentra en un diálogo interno, tratando de justificar mi obsesión por los libros.

“¡Oh, querida, qué placer culpable tienes!” me digo a mí misma. “Comprar libros más rápido de lo que puedo leerlos, ¿qué podría ser más emocionante? Después de todo, los libros son como pequeños tesoros, esperando pacientemente su turno para ser descubiertos y devorados”.

Susurro a mi conciencia literaria que no hay nada de malo en tener una colección en constante crecimiento. Después de todo, los libros no tienen fecha de caducidad, ¿verdad? Son como el buen vino, mejoran con el tiempo. Además, siempre habrá días lluviosos y noches tranquilas en las que podré sumergirme en esas páginas apasionantes que esperan en mi estantería.

Cierro los ojos por un momento, dejando que la magia de las historias pasadas y futuras flote a mi alrededor. Puedo ver las aventuras que me aguardan, los mundos por descubrir, los personajes con los que compartiré risas y lágrimas. ¿Cómo podría resistirme a la tentación de agregar más y más libros a mi colección?

Después de todo, la pasión por la lectura es un don, una ventana a la imaginación y al conocimiento. Cada libro es una oportunidad de aprender algo nuevo, de expandir mis horizontes, de vivir mil vidas a través de las páginas impresas. Es un escape del mundano ajetreo de la vida cotidiana, un bálsamo para el alma inquieta.

Sé que hay quienes no entienden mi pasión desenfrenada, quienes me miran con desconcierto mientras arrastro mi bolsa llena de libros a casa. Pero, ¿acaso importa lo que piensen? Estoy construyendo mi propio refugio literario, un santuario de historias que me inspiran y me desafían.

Así que, mientras avanzo en la fila, acariciando las portadas de mis nuevos tesoros, no puedo evitar sentirme agradecida por esta pasión desenfrenada. Porque los libros son más que simples objetos, son compañeros de vida, mentores silenciosos y amigos incondicionales.

Y así, con una sonrisa en los labios y el corazón lleno de anticipación, continúo en mi camino, lista para sumergirme en las páginas que me esperan en casa. Porque, después de todo, ¿quién puede resistirse al encanto eterno de un buen libro?

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